Cómo María Galindo Entiende la Resistencia Femenina Cotidiana

María Galindo, activista boliviana, cofundadora en 1992 de la colectiva anarcofeminista Mujeres Creando en La Paz y figura central del feminismo de clase, articula una crítica al patriarcado colonial que ilumina su lectura de la resistencia femenina. Más allá de las movilizaciones masivas, su pensamiento analiza las estrategias de supervivencia que las mujeres implementan para desafiar la dominación patriarcal. Para Galindo, la resistencia no es un evento aislado, sino una práctica constante y multifacética que se despliega en las relaciones interpersonales, en la división sexual del trabajo y en los cuidados no remunerados que sostienen la vida, y en la lucha por la autonomía corporal.
El pensamiento de María Galindo desafía las nociones tradicionales de poder y sumisión: sostiene que las mujeres, aun bajo opresión sistemática, han conservado su capacidad de actuar. Lejos de haber sido sujetos pasivos, despliegan gestos aparentemente insignificantes pero acumulativamente transformadores que mantienen viva la esperanza colectiva y abren camino a la transformación social. Esta lectura de la resistencia cotidiana pone el foco en la agencia femenina en contextos de subordinación y analiza cómo las mujeres negocian, subvierten y desafían las normas impuestas.
La obra de Galindo permite comprender que la resistencia femenina cotidiana es un proceso dinámico y heterogéneo, que adopta formas diversas según las circunstancias, las culturas y las experiencias individuales y que se expresa tanto en gestos privados como en acciones colectivas. Su análisis es crucial para entender la persistencia de la desigualdad de género y para imaginar estrategias más efectivas de liberación.
La Resistencia como Estrategia de Supervivencia
En el núcleo de la propuesta de María Galindo reside la tesis de que las mujeres, históricamente relegadas a espacios de invisibilidad y desvalorización, han hecho de la resistencia una condición de su propia supervivencia. Esos mecanismos no son solo reactivos: además de ofrecer una respuesta inmediata ante la opresión, preservan la dignidad y tejen espacios de autonomía política y económica que sostienen la vida en común y hacen posible la organización colectiva.
Esto puede manifestarse en formas tan diversas como la creación de redes de apoyo mutuo entre mujeres, la transmisión oral de conocimientos y experiencias, el mantenimiento de prácticas culturales propias, o la redefinición del significado del trabajo doméstico. Galindo argumenta que estas acciones, a menudo consideradas como "privadas" o "poco políticas", son en realidad actos de desobediencia civil que socavan las estructuras de poder patriarcal.
La resistencia, en este sentido, no es una confrontación directa y violenta, sino una forma de "hacer con" y "hacer a pesar de" las limitaciones impuestas. Es una estrategia de adaptación que, al mismo tiempo, implica una transformación silenciosa de las relaciones sociales.
Más Allá de la Víctima: La Agencia Femenina

El análisis de Galindo cuestiona la representación de las mujeres como sujetos pasivos o meras víctimas de la violencia de género. Si bien reconoce el impacto del trauma y la opresión sistemática, sostiene que las mujeres ejercen una agencia constante que les permite influir en su entorno.
Para Galindo, las mujeres son agentes activos de su propia historia, capaces de tomar decisiones, de desafiar las normas y de construir alternativas. Esta agencia se manifiesta en su capacidad para nombrar sus propias experiencias, para resistir la estigmatización y para defender sus derechos.
Es importante entender que la agencia no implica la ausencia de vulnerabilidad ni de opresión: designa la capacidad de las mujeres de ejercer su voluntad y de actuar según sus propios intereses, incluso en situaciones de extrema dificultad. Sobre esta base, Galindo critica al feminismo institucionalizado y liberal, convertido a menudo en proyectos técnicos financiados por la cooperación internacional, por reducir a las mujeres a beneficiarias pasivas de programas asistenciales en lugar de reconocerlas como interlocutoras políticas de sus propias demandas.
El Cuerpo como Territorio de Resistencia
María Galindo analiza la dimensión política del cuerpo como un territorio de disputa. Denuncia cómo el patriarcado utiliza la violencia obstétrica, la cosificación sexual, la violación y la criminalización de la interrupción del embarazo para ejercer control y transformar el cuerpo femenino en un espacio de dominación estatal y social.
Sin embargo, Galindo también argumenta que el cuerpo de la mujer puede ser un espacio de resistencia y de empoderamiento. El derecho a decidir sobre el propio cuerpo —expresado en la sexualidad, la recuperación del placer, el rechazo de los cánones de belleza impuestos y la reivindicación de la autonomía reproductiva— se convierte así en una forma de tomar el control y de desafiar las normas patriarcales.
Este enfoque en el cuerpo como territorio de resistencia cobra particular relevancia en América Latina, donde los movimientos de mujeres han denunciado de forma sostenida la violencia obstétrica y los feminicidios y han puesto la autonomía reproductiva en el centro del debate público. En Bolivia, ese activismo culminó en 2013 con la aprobación de la Ley 348, marco de protección integral contra la violencia hacia las mujeres, que incorporó el feminicidio al Código Penal.
Hacia una Resistencia Integral
La propuesta de María Galindo no se limita a las estrategias individuales de supervivencia ni a la conquista de derechos formales: aboga por una resistencia integral que articule la autonomía personal con la transformación de las estructuras sociales, económicas y coloniales que perpetúan la desigualdad de género.
Esto implica trabajar en múltiples frentes: la educación, la política, la economía, la cultura y la esfera sexual y reproductiva, sin separar la organización pública del sostenimiento cotidiano de la vida, donde el trabajo de cuidados, la salud y el territorio son también campos de disputa. Requiere además construir alianzas entre mujeres y otros grupos oprimidos y sostener espacios de diálogo y reflexión que visibilicen sus experiencias y necesidades, como los talleres comunitarios y los murales con que Mujeres Creando politiza el espacio urbano de La Paz.
Comprender la resistencia bajo la óptica de Galindo exige un cambio de paradigma, el mismo que ella desarrolla en su ensayo 'No se puede descolonizar sin despatriarcalizar' (2013): no basta con la demanda de igualdad de derechos dentro del sistema actual, sino que se requiere una transformación estructural de las relaciones de poder para alcanzar una liberación que integre la lucha de clases y la descolonización.
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