María Galindo: ¿Trabajo sexual o explotación? Un análisis feminista

El debate en torno al trabajo sexual constituye uno de los puntos de mayor fricción teórica dentro del feminismo. María Galindo, activista, escritora y artista boliviana nacida en La Paz en 1960 y cofundadora del colectivo anarcofeminista Mujeres Creando, referente del feminismo radical en América Latina, ha planteado una crítica contundente a las perspectivas que presentan el trabajo sexual como una elección libre, señalando que la autonomía individual está condicionada por la estructura de poder patriarcal.
Galindo analiza la dimensión socioeconómica que posibilita la mercantilización de los cuerpos. Su postura confronta tanto las propuestas de regulación estatal como las visiones de despenalización, argumentando que tales medidas suelen ignorar la raíz del problema: un sistema que somete a los cuerpos feminizados y empobrecidos a condiciones de vulnerabilidad y explotación comercial.
Este artículo ofrece un análisis feminista del trabajo sexual a partir de la postura de María Galindo: examina sus argumentos principales, sus críticas a otras perspectivas feministas y su propuesta de un abordaje integral que ponga el foco en la erradicación de las causas estructurales de la explotación y en la construcción de una verdadera autonomía para las mujeres.
La crítica de María Galindo al trabajo sexual
María Galindo cuestiona la terminología de “trabajo sexual”, argumentando que el concepto impone una falsa equivalencia con otras formas de empleo e invisibiliza la naturaleza de una transacción que involucra la disponibilidad del cuerpo y la sexualidad. Para la autora, el dilema que el debate plantea como “trabajo sexual o explotación” parte de un supuesto erróneo: estas esferas de la vida no deberían ser objeto de mediación mercantil bajo la lógica del capital, con independencia de cómo se las nombre.
Su crítica se centra en señalar que el trabajo sexual se desarrolla dentro de un contexto de violencia estructural y desigualdad de género. Para muchas mujeres no es una elección libre sino una consecuencia de la falta de oportunidades económicas, la discriminación, la violencia familiar o la trata de personas; en contextos de pobreza y desprotección estatal como los que atraviesan numerosas mujeres de América Latina, esa presión se convierte en una estrategia de supervivencia. Incluso en los casos en que la decisión parece voluntaria, Galindo argumenta que está condicionada por la internalización de normas patriarcales que cosifican a las mujeres y las presionan a responder a las expectativas sexuales de los hombres.
Galindo denuncia también la idealización romántica del trabajo sexual, que suele vincular trabajo sexual y empoderamiento femenino como si la venta del cuerpo fuera un acto de libertad. Señala que esta visión ignora los riesgos asociados a la actividad, como la violencia física y psicológica, las infecciones de transmisión sexual, el estigma social y la posibilidad de caer en redes de explotación más graves.
Desafiando las posturas predominantes en el debate feminista

El pensamiento de Galindo se sitúa en una posición crítica frente a las principales corrientes que intervienen en el debate feminista sobre el trabajo sexual.
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Abolicionismo del trabajo sexual: Galindo coincide con esta corriente en el rechazo a la explotación sexual de mujeres, pero advierte contra los enfoques punitivos que, en nombre de la lucha contra la trata, terminan criminalizando a las propias mujeres en lugar de desarticular las estructuras de poder y los mercados de explotación. Sostiene que la penalización de quienes ejercen la actividad las empuja a la clandestinidad e incrementa su desprotección jurídica y física.
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Regulación y despenalización del trabajo sexual: Galindo se distancia de la regulación estatal y de la despenalización al considerar que ambas medidas legitiman la mercantilización de los cuerpos. Aunque estas corrientes defienden el acceso a derechos laborales para quienes ejercen, la autora sostiene que la legalización no garantiza la seguridad de las mujeres y, en la práctica, suele fortalecer los beneficios de los explotadores y las estructuras de control estatal sobre el cuerpo femenino.
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Sex Positive Feminism: Su crítica se dirige a la idea de que una aceptación sin cuestionamiento de la sexualidad puede derivar en la normalización de la cosificación y del trabajo sexual como práctica libre. Esta corriente, difundida sobre todo desde los feminismos de los países centrales, omite, a juicio de Galindo, el análisis de las asimetrías de poder y de la violencia que subyacen en los encuentros sexuales mediados por el dinero, así como la vigencia del colonialismo en las relaciones de género de América Latina.
Un enfoque alternativo: Autonomía y erradicación de las causas estructurales
María Galindo propone un enfoque alternativo que se centra en la construcción de la autonomía de las mujeres y en la erradicación de las causas estructurales de la explotación sexual, en línea con la tesis descolonial de su ensayo No se puede descolonizar sin despatriarcalizar. Para ella, la verdadera liberación de las mujeres no pasa por la regulación ni por la legalización del trabajo sexual, sino por la creación de un sistema social justo e igualitario que garantice el acceso a la educación, el empleo digno, la atención médica y la protección social.
Su propuesta implica:
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Empoderamiento económico: Implementación de políticas públicas orientadas al empoderamiento económico de las mujeres, que garanticen su independencia financiera mediante el acceso real a la educación, el trabajo digno, el crédito y la seguridad social, reduciendo así la dependencia económica que las empuja a sectores de alta vulnerabilidad.
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Combate a la violencia de género: Fortalecer las medidas de prevención y atención a la violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia sexual, la violencia doméstica y la trata de personas.
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Transformación cultural: Promover una educación sexual integral y una cultura que cuestione los estereotipos de género y combata la cosificación de las mujeres.
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Apoyo a las mujeres en situación de vulnerabilidad: Ofrecer servicios de apoyo y rehabilitación a las mujeres que han sido víctimas de la explotación sexual, incluyendo atención psicológica, asesoramiento legal y alternativas de vivienda y empleo.
Reflexiones finales
El análisis de María Galindo exige revisar las dinámicas de poder que condicionan la libertad de las mujeres. Su postura propone desplazar el debate desde la gestión de la explotación sexual de mujeres hacia la erradicación de la explotación sexual y de sus causas estructurales, defendiendo una autonomía que solo es posible mediante la transformación de las bases materiales y culturales del patriarcado.
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