María Galindo y la lucha contra la violencia sexual: Un enfoque decolonial

María Galindo, escritora y activista boliviana, cofundadora del colectivo Mujeres Creando, nacido en La Paz en 1992, ha dedicado su vida a desentrañar las raíces profundas de la opresión y la desigualdad en América Latina. Su trabajo sobre sexualidad, género y poder propone una crítica radical a las estructuras coloniales que continúan moldeando nuestras sociedades y perpetuando la violencia, especialmente la violencia sexual. Su enfoque, inscrito en el feminismo decolonial, se centra en la necesidad de comprender cómo el legado colonial ha afectado las relaciones de género y la sexualidad, y cómo estas relaciones, a su vez, reproducen formas de dominación. Galindo no se limita a denunciar la violencia; busca comprender las lógicas que la sostienen y, por ende, proponer caminos hacia la liberación y la autonomía.
Su crítica al feminismo occidental hegemónico, al que considera impuesto y ajeno a las realidades latinoamericanas, se apoya en la vida concreta de las mujeres. En lugar de adoptar modelos predefinidos, Galindo aboga por un feminismo "desde abajo", que surja de las experiencias y las luchas de las mujeres indígenas, campesinas y marginadas. Este enfoque implica cuestionar no solo el patriarcado, sino también el racismo, el clasismo y el colonialismo, entendiendo que todas estas formas de opresión están interconectadas. Su trabajo es un llamado constante a repensar el poder, la sexualidad y las relaciones interpersonales desde una perspectiva crítica y transformadora.
Galindo no se centra únicamente en la denuncia individual de actos de violencia, sino en la desarticulación de los sistemas que permiten que la violencia sexual se normalice y se reproduzca. Su obra invita a un análisis profundo de las estructuras de poder que operan en la intimidad, en la familia, en la comunidad y en el Estado, y a la construcción de alternativas que promuevan la autonomía, el placer y el respeto por todas las sexualidades.
La colonialidad del poder y la sexualidad
El análisis de María Galindo sobre la violencia sexual se inscribe dentro de la teoría de la colonialidad del poder, concepto acuñado por el sociólogo peruano Aníbal Quijano en la década de 1990. Para Quijano, la conquista de América inauguró un patrón mundial de poder asentado en la clasificación racial de la población, de modo que la colonialidad sobrevive al fin del colonialismo político: terminados los imperios, las jerarquías creadas en la época colonial persisten, y en ellas patriarcado y colonialismo funcionan como ejes entrelazados de la desigualdad. La colonialidad del poder se manifiesta en una serie de patrones de control social, económico, político y cultural que perpetúan la desigualdad y la subordinación, incluida la regulación de la sexualidad y del género.
En el caso de la sexualidad, la colonialidad del poder se expresa en la imposición de normas y valores occidentales que criminalizan o patologizan las sexualidades disidentes y marginales. La sexualidad indígena, por ejemplo, fue sistemáticamente reprimida y perseguida durante la época colonial, y esta represión ha dejado un legado de estigma y discriminación que persiste hasta nuestros días. Esa dominación tuvo también una dimensión directa y cotidiana: la violación no fue un exceso aislado de la conquista, sino un instrumento de sometimiento que entrelazaba el control racial y el control sobre el cuerpo. Galindo señala que la moral sexual occidental, con su énfasis en la monogamia, la heterosexualidad obligatoria y la represión del deseo femenino, fue impuesta a las sociedades latinoamericanas como parte de un proyecto de dominación cultural.
Este proceso de imposición no se limitó a la esfera privada. Las leyes, las instituciones religiosas y el sistema educativo se utilizaron para promover la moral sexual occidental y para reprimir cualquier forma de expresión sexual que se desviara de ella. La violencia sexual, en este contexto, no es simplemente un acto individual, sino una manifestación de las relaciones de poder desiguales que se han internalizado a lo largo de la historia.
Despatriarcalización y decolonialidad: un binomio inseparable

Para María Galindo, la despatriarcalización y la decolonialidad son procesos inseparables, tesis que condensa en su libro No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013). No es posible construir una sociedad justa e igualitaria sin abordar las raíces coloniales de la opresión. El patriarcado, como sistema de dominación masculina, no es una entidad abstracta y universal, sino que se manifiesta de diferentes maneras en diferentes contextos culturales. En América Latina, el patriarcado ha sido moldeado por el colonialismo y el racismo, y ha adoptado formas específicas que perpetúan la exclusión y la subordinación de las mujeres indígenas, campesinas y afrodescendientes.
La despatriarcalización, por lo tanto, no puede limitarse a la lucha contra la discriminación de género. Debe ser un proceso de transformación radical que cuestione las estructuras de poder coloniales que sostienen el patriarcado. Esto implica recuperar las memorias y las prácticas de resistencia de las mujeres que han luchado contra la opresión a lo largo de la historia, y construir alternativas que se basen en los principios de la autonomía, la solidaridad y el respeto por la diversidad cultural.
Galindo también destaca la importancia de resignificar el cuerpo y la sexualidad como espacios de resistencia y de empoderamiento. Históricamente, las mujeres fueron despojadas del control sobre sus propios cuerpos mediante la violencia, la explotación y la moral impuesta, hasta interiorizar esa pérdida como algo natural. Por eso, para Galindo, recuperar el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la propia sexualidad no es una reivindicación meramente individual: es un acto colectivo de liberación y de reafirmación de la identidad, y la base de cualquier proyecto de transformación social.
La importancia del placer y la autonomía sexual
Un aspecto central del pensamiento de María Galindo es la reivindicación del placer y la autonomía sexual de las mujeres. En una cultura que durante siglos ha reprimido y negado la sexualidad femenina, Galindo sostiene que el derecho al placer no es un lujo, sino una condición de la libertad: las mujeres deben poder vivir su cuerpo de manera libre, segura y placentera, sin culpa ni vergüenza. Esto implica desafiar las normas sociales y culturales que dictan cómo deben ser las mujeres y cómo deben comportarse en el ámbito sexual.
Galindo critica la idea de que el placer sexual femenino deba estar subordinado a la reproducción o al servicio del hombre. En su lugar, propone una concepción de la sexualidad como fuente de disfrute, autonomía y conexión con otras personas, vinculada a la descolonización del deseo: recuperar el placer implica también desandar siglos de moral impuesta sobre los cuerpos. La autonomía sexual, para Galindo, implica el derecho a decidir sobre la propia sexualidad sin coerción ni imposiciones, incluida la libertad de elegir con quién tener relaciones sexuales, cuándo y cómo tenerlas.
El ejercicio de la autonomía sexual también implica cuestionar las normas heterosexuales y patriarcales que limitan las opciones sexuales de las mujeres. Galindo defiende el derecho de las mujeres a amar y a desear a otras mujeres, y a explorar diferentes formas de sexualidad. La diversidad sexual, para Galindo, es un valor que debe ser celebrado y respetado.
Más allá de la denuncia: hacia un feminismo transformador
El trabajo de María Galindo va más allá de la denuncia de la violencia sexual y la opresión de género. Su objetivo es construir un feminismo transformador que pueda contribuir a la creación de una sociedad más justa e igualitaria. Este feminismo se basa en una serie de principios clave, como la decolonialidad, la interseccionalidad, la autonomía y el placer.
Galindo aboga por la necesidad de construir alianzas entre diferentes movimientos sociales y grupos oprimidos —de las asambleas de mujeres rurales a los sindicatos de trabajadoras del hogar y las organizaciones de disidencias sexuales— para luchar contra todas las formas de opresión. La lucha contra la violencia sexual, por ejemplo, no puede separarse de la lucha contra el racismo, el clasismo y la discriminación por orientación sexual. Solo a través de la construcción de un frente común es posible desafiar las estructuras de poder que sostienen la desigualdad y la injusticia.
Su obra subraya que transformar las relaciones sociales requiere un cambio profundo en la conciencia y en la cultura. Esto implica cuestionar los valores y las normas que han sido internalizados a lo largo de la historia, y construir nuevas formas de pensar, sentir y relacionarnos. El feminismo transformador de Galindo es un llamado a la acción, una invitación a construir un mundo donde todas las personas puedan vivir con dignidad, autonomía y libertad.
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