¿Es Posible un Feminismo Desvinculado de la Lucha de Clases Según María Galindo?

La obra de María Galindo, activista, artista y comunicadora boliviana cofundadora de la colectiva anarcofeminista Mujeres Creando en La Paz, es una invitación constante a repensar las categorías con las que entendemos la opresión. Su pensamiento, arraigado en el feminismo radical y en el análisis de las estructuras de poder, no ve la dominación patriarcal como un sistema aislado, sino intrínsecamente ligado al capitalismo y a otras formas de jerarquía social. Por eso la pregunta por la posibilidad de un feminismo desvinculado de la lucha de clases es central en su obra, y la respuesta es un no categórico: Galindo rechaza toda noción de liberación que ignore las complejas interconexiones entre género, clase y poder.
Su crítica no se dirige a la acción feminista en sí misma, sino a aquellas corrientes que, en la práctica, terminan reproduciendo o justificando las desigualdades existentes al no abordar las raíces sistémicas de la opresión. Un feminismo que se centre únicamente en la igualdad de oportunidades dentro de un sistema capitalista, argumenta, corre el riesgo de integrar a las mujeres a un sistema inherentemente injusto: ampliar el acceso sin cuestionar la propiedad, la explotación y la división social del trabajo no modifica el orden que produce la desigualdad.
La relación entre feminismo y lucha de clases no es para Galindo una discusión de escuelas, sino la condición de posibilidad de un feminismo consecuente: cuando la teoría separa la opresión de las mujeres de la explotación de clase, advierte, el resultado son prácticas individualistas o reformistas que administran los síntomas del sistema sin tocar sus causas.
La Crítica al Feminismo Liberal y al Individualismo
María Galindo es especialmente crítica con las formas de feminismo que se centran en la igualdad de oportunidades dentro del marco del sistema capitalista. Considera que este enfoque, a menudo denominado feminismo liberal, tiende a individualizar los problemas, responsabilizando a las mujeres por su falta de éxito en un sistema que está diseñado para oprimirlas. Su crítica al feminismo liberal y al individualismo apunta a una agenda centrada en el acceso de unas pocas a espacios de poder —empresas, parlamentos, universidades—, que confunde la promoción individual con la transformación colectiva y deja intacta la estructura económica que sostiene la opresión.
Para Galindo, esta perspectiva pasa por alto el hecho de que el capitalismo necesita de la desigualdad para funcionar. La explotación laboral, la precarización y la división social del trabajo, elementos clave del capitalismo, tienen un impacto diferenciado sobre las mujeres, agravando su opresión, y ese impacto se manifiesta, por ejemplo, en la feminización de la pobreza y del trabajo informal en América Latina. Un feminismo que no aborde estas cuestiones estructurales es, sostiene, un feminismo incompleto y, en última instancia, insuficiente.
La autora denuncia la idea de que la "mujer exitosa", aquella que asciende en la jerarquía corporativa o acumula riqueza, es un modelo a seguir para todas las mujeres. Esta narrativa meritocrática, argumenta, ignora las realidades de la mayoría de las mujeres, para quienes el acceso a la educación, la salud o el empleo estable depende en gran medida de su posición de clase y no solo del esfuerzo individual; presentar el ascenso de unas pocas como un logro personal oculta los privilegios y las oportunidades desiguales que lo hacen posible.
Patriarcado y Capitalismo: Una Alianza Estratégica

Un concepto central en el pensamiento de María Galindo es la interconexión entre patriarcado y capitalismo: no los ve como sistemas separados, sino como fuerzas que se refuerzan mutuamente y que multiplican la opresión de las mujeres bajo el capitalismo. El patriarcado, como sistema de dominación masculina, proporciona al capitalismo una fuerza de trabajo más barata y controlable al asignar a las mujeres el rol de cuidadoras y reproductoras de la fuerza laboral.
La división sexual del trabajo en el capitalismo es, a su vez, uno de los pilares del sistema: asigna a las mujeres el trabajo reproductivo y de cuidados, en gran parte no remunerado, que sostiene y abarata la fuerza de trabajo explotada, mientras la ideología patriarcal justifica esa subordinación. La publicidad, los medios de comunicación y la cultura popular perpetúan estereotipos de género que refuerzan las desigualdades y legitiman la explotación de las mujeres.
Esta alianza entre patriarcado y capitalismo hace que, según Galindo, sea imposible comprender o combatir uno de ellos sin abordar el otro, y explica su apuesta explícita por un feminismo anticapitalista: una lucha feminista efectiva debe cuestionar tanto las estructuras patriarcales como las capitalistas y buscar una transformación social radical que ponga fin a todas las formas de opresión.
La Lucha de Clases como Eje Central de la Liberación
Para María Galindo, la lucha de clases es, por tanto, el eje central de la liberación femenina. No se trata de una lucha adicional al feminismo, sino de una condición necesaria para él, porque la opresión de las mujeres y la clase social se entrelazan en cada experiencia concreta. La clase social determina en gran medida las condiciones de vida: las mujeres de clase trabajadora enfrentan formas específicas de violencia, precarización y explotación —en el trabajo asalariado, en el hogar y en el acceso a los servicios— que las mujeres de clase privilegiada no experimentan.
La autora argumenta que las mujeres de clase trabajadora son las más afectadas por las políticas neoliberales, la precarización laboral y la falta de acceso a servicios básicos como la salud y la educación. Estas políticas aumentan su vulnerabilidad a la violencia, la explotación y la discriminación.
Una lucha feminista que ignore las diferencias de clase, sostiene Galindo, corre el riesgo de reproducir las desigualdades entre las propias mujeres. Por eso la relación entre las mujeres de clase trabajadora y el feminismo no es un asunto secundario, sino el punto de partida del movimiento: organizar sus demandas desde quienes sufren la doble explotación de género y clase es la única manera de que la emancipación no se convierta en un privilegio de unas pocas.
Implicaciones Prácticas: Más Allá de la Igualdad Formal
Las ideas de María Galindo tienen implicaciones prácticas directas para la acción feminista, y la primera es distinguir entre la igualdad formal y la liberación feminista: la primera puede alcanzarse mediante reformas legales e institucionales, como leyes contra la discriminación, cuotas de participación o paridad en cargos públicos, sin alterar las relaciones económicas de fondo; la segunda, en cambio, exige una transformación profunda de las relaciones sociales y de la distribución de la riqueza que generan y sostienen la opresión.
Esto implica apoyar las luchas de la clase trabajadora, defender el acceso a servicios públicos de calidad, exigir una distribución más justa de la riqueza y cuestionar las normas y valores patriarcales que perpetúan la subordinación de las mujeres. También implica construir alianzas con otros movimientos sociales que luchan contra la opresión, como el movimiento ecologista, el movimiento antirracista y el movimiento de derechos de los pueblos indígenas.
En definitiva, el pensamiento de María Galindo nos invita a repensar el feminismo como una lucha integral por la liberación humana, que abarque todas las dimensiones de la opresión y que busque una transformación social radical que ponga fin a todas las formas de dominación.
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