Descolonizar el Cuerpo: La Visión de María Galindo sobre la Sexualidad

María Galindo, psicóloga, escritora y activista boliviana, cofundó en 1992, junto a Julieta Paredes, el colectivo feminista Mujeres Creando en La Paz y es una referente del feminismo radical descolonial. Ha dedicado su trayectoria a desentrañar las relaciones entre poder, género, sexualidad y estructura colonial: su pensamiento, surgido de la organización política en las clases populares y de la resistencia de los pueblos, ofrece una perspectiva sobre cómo la imposición de normas occidentales afecta la vivencia del cuerpo y la autonomía sexual, especialmente en las mujeres.
Su trabajo invita a cuestionar las categorías occidentales de género y sexualidad que han sido utilizadas históricamente para controlar a los pueblos colonizados y para clasificar las experiencias de las mujeres indígenas y populares. En lugar de adoptar un feminismo universal y homogéneo, Galindo promueve un feminismo plural, localizado y comprometido con las luchas específicas de cada contexto, al tiempo que denuncia los feminismos hegemónicos que reproducen esquemas coloniales. La sexualidad, desde su perspectiva, no puede analizarse al margen de las estructuras de poder que moldean las relaciones sociales y las experiencias individuales.
Este artículo se centra en la descolonización de la sexualidad según María Galindo, una propuesta que entrelaza su crítica al colonialismo, la reivindicación de las sexualidades indígenas y un feminismo comunitario que desafía las normas patriarcales y heteronormativas. Abordaremos cómo este pensamiento invita a repensar nuestra relación con el cuerpo, el placer y la libertad sexual.
El Cuerpo Colonizado y la Imposición de la Heteronorma
Galindo argumenta que colonialismo y sexualidad forman un mismo eje de dominación: junto a la dominación política y económica, la invasión cultural reordenó la forma en que las personas se relacionan con sus propios cuerpos. La moral sexual occidental —difundida por la evangelización y los códigos jurídicos coloniales y cimentada en la heterosexualidad obligatoria y la represión del deseo femenino— generó una violencia simbólica que ha calado hondo en las sociedades colonizadas.
Esta imposición no se limitó a la esfera individual. Las estructuras sociales, las instituciones religiosas y los códigos legales fueron utilizados para controlar la sexualidad y reforzar las jerarquías de género. La demonización de las prácticas sexuales ancestrales, la criminalización de las identidades no normativas y la centralidad de la heteronormatividad masculina son los mecanismos mediante los cuales se impuso la heteronormatividad colonial; según el análisis de Galindo, esa estructura continúa perpetuando la violencia contra quienes habitan cuerpos disidentes.
Sexualidades Indígenas: Una Resistencia Ancestral

Un aspecto central del pensamiento de María Galindo es la reivindicación de las sexualidades indígenas como formas de resistencia al colonialismo. Ella destaca que, en muchas culturas originarias, la sexualidad no estaba separada de la espiritualidad, la comunidad y los ciclos de la naturaleza. Existían prácticas sexuales diversas y complejas, que no se reducían a la reproducción y que reconocían la importancia del placer y el consentimiento mutuo.
Galindo enfatiza que estas sexualidades no eran "primitivas" o "salvajes", como las describieron cronistas y misioneros de la colonización para deslegitimar a los pueblos y justificar su dominación, sino que formaban parte de cosmovisiones propias, vinculadas al respeto por el cuerpo, la reciprocidad y la armonía con el entorno. Recuperarlas sin idealizarlas como un paraíso perdido permite desafiar las narrativas coloniales que han buscado silenciar las experiencias de los pueblos indígenas. Esta recuperación no es un retorno al pasado, sino una herramienta para construir un futuro más justo y diverso.
Feminismo Popular y Comunitario: Desafiando el Patriarcado
La propuesta de María Galindo se inscribe en la tradición del feminismo popular y comunitario, que articula las luchas de las mujeres con la justicia social, la resistencia de clase y la defensa del territorio y de la vida. Este enfoque condensa su crítica al feminismo liberal: se distancia de las corrientes que centran la agenda en la igualdad de oportunidades dentro de las estructuras de mercado y el sistema estatal vigente y propone, en cambio, transformar las condiciones materiales y simbólicas en que viven las mayorías populares.
Para Galindo, el vínculo entre colonialismo y patriarcado no es accidental: el patriarcado se entrelaza con el racismo y el clasismo y opera de forma interseccional. De ahí su insistencia en que «no se puede descolonizar sin despatriarcalizar», lema que da título a su ensayo publicado en 2013 y que resume su teoría de la despatriarcalización: la lucha exige una transformación social integral que cuestione las bases de la desigualdad. El feminismo comunitario propone la construcción de espacios colectivos de solidaridad donde la autonomía de las mujeres se fortalezca mediante la organización política y el apoyo mutuo.
El Placer Como Herramienta de Liberación

Galindo desafía la histórica represión del placer femenino, argumentando que el acceso al disfrute sexual es un derecho fundamental y una herramienta esencial para la liberación de las mujeres. En una sociedad que ha condicionado el deseo femenino a las necesidades y expectativas de los hombres, la reivindicación del placer propio implica un acto de rebeldía y autonomía.
Ella insiste en que el placer no debe ser concebido como algo individual y aislado, sino como una experiencia social y política. El derecho a disfrutar de una sexualidad plena y satisfactoria requiere la desmantelación de las normas y estereotipos que limitan la libertad sexual de las mujeres y la lucha contra todas las formas de violencia sexual. Para Galindo, la descolonización del cuerpo pasa necesariamente por la recuperación del placer como un espacio de empoderamiento y resistencia.
Implicaciones y Perspectivas Futuras
La visión de María Galindo sobre la sexualidad invita a cuestionar las normas y valores internalizados que derivan de la herencia colonial. Su propuesta de descolonizar el cuerpo busca construir un modelo de sociedad basado en la autodeterminación y el respeto a la diversidad.
El pensamiento de Galindo mantiene su vigencia en el debate sobre la justicia sexual y la autonomía corporal. Su llamado a un feminismo popular, arraigado en las experiencias de los pueblos oprimidos, plantea un camino para transformar las relaciones de poder. La crítica a la heteronorma y la reivindicación de la diversidad sexual como forma de resistencia son pilares esenciales para la lucha por la soberanía de los cuerpos.
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