María Galindo: ¿una precursora del feminismo queer en Latinoamérica?

María Galindo (La Paz, 1960) es una intelectual y activista feminista boliviana, cofundadora del colectivo Mujeres Creando, cuya obra articuló una crítica al patriarcado colonial y a las estructuras de poder que lo sostienen en América Latina. Su pensamiento, a menudo controvertido, exploró las conexiones entre género, clase, raza y sexualidad, abriendo camino a nuevas formas de entender la opresión y la resistencia. Si bien no se identificó explícitamente con el término “queer”, una revisión de su obra revela elementos que anticipan muchas de las preocupaciones centrales del feminismo queer, especialmente en su cuestionamiento de las categorías fijas de identidad y su énfasis en la performatividad de género y de la sexualidad.
Este artículo explora la posibilidad de leer a María Galindo como una pensadora precursora del feminismo queer latinoamericano. Analizaremos sus ideas sobre la “maca”, la construcción social del género, la deconstrucción de las categorías binarias y su crítica al discurso heterosexual obligatorio, mostrando cómo el pensamiento de María Galindo sienta las bases para una comprensión más fluida y compleja de las identidades y las relaciones de poder. Exploraremos cómo su enfoque, radicalmente contextualizado en la experiencia boliviana y andina, dialoga con los debates centrales del feminismo queer contemporáneo, sin replicarlos necesariamente.
La "Maca" como punto de partida: Desafiando la sexualidad colonial
El concepto de la “maca” designa una práctica sexual indígena boliviana de origen ancestral: una serie de intercambios sexuales, a menudo ritualizados, entre hombres y mujeres. Para Galindo, la “maca” no era una simple práctica sexual, sino una forma de resistencia cultural y económica frente a la imposición de la moralidad colonial y patriarcal, pues estructuraba las relaciones de poder de forma diferente a la lógica de la sexualidad occidental y permitía a las mujeres cierto grado de autonomía y control sobre su propia sexualidad.
Esta recuperación de la “maca” fue decisiva para cuestionar la idea de que la sexualidad indígena boliviana era inherentemente opresiva o inferior a la occidental. Para Galindo, la práctica evidenciaba la agencia y la resistencia cultural de las mujeres indígenas frente a la colonización. La desnaturalización de las categorías sexuales que implica y la atención a prácticas no occidentales pueden leerse como un antecedente importante de la perspectiva queer, que cuestiona la universalidad de la heterosexualidad y la idea de una sexualidad natural y esencial.
Deconstruyendo el género: Más allá de la dicotomía hombre/mujer

María Galindo desarrolló una crítica profunda a la construcción social del género: su deconstrucción de categorías binarias partía de que “hombre” y “mujer” no son datos biológicos ni naturales, sino construcciones culturales que se utilizan para mantener las relaciones de poder patriarcales. Rechazó la idea de una “esencia femenina” o de una “esencia masculina” y sostuvo que el género es performativo, es decir, que se produce mediante la repetición de actos y comportamientos socialmente definidos, lo que lo hace susceptible de transformación.
Su análisis se distinguió por rechazar la noción de una identidad femenina homogénea e integrar la interseccionalidad: género, clase y raza atraviesan las experiencias de las mujeres junto con el origen étnico y configuran distintas formas de sujeción o de resistencia. Esta perspectiva anticipa los ejes del feminismo decolonial latinoamericano y del feminismo queer, pues entiende la opresión no como un bloque monolítico, sino como un entramado de estructuras de poder que deben desarticularse de forma simultánea.
El cuestionamiento de la heterosexualidad obligatoria
Un elemento clave del pensamiento de María Galindo es su crítica a la heterosexualidad obligatoria, entendida como la construcción social que presenta esa forma de sexualidad como la única legítima. En su obra denunció la violencia y la discriminación que sufren las personas que no se ajustan a las normas heterosexuales, y sostuvo que la imposición del mandato heterosexual es una forma de control social y político.
Su crítica convergió con el concepto de “heterosexualidad obligatoria” que la escritora feminista Adrienne Rich formuló en 1980, aunque Galindo no empleó esa terminología específica. Su propuesta denunciaba la heterosexualidad como una institución política y de control social: la norma heterosexual no es una preferencia biológica, sino un mecanismo que se reproduce mediante la educación, la división sexual del trabajo y el aparato estatal, legitimando la subordinación de los cuerpos que se desvían de dicho mandato.
Legado y resonancias contemporáneas
La obra y el legado de María Galindo conservan plena vigencia en los debates sobre diversidad sexual, derechos LGBTQ+ y justicia social que atraviesan el activismo feminista latinoamericano. Su análisis crítico de las relaciones de poder, su defensa de la autonomía de las mujeres y su cuestionamiento de las normas sociales convencionales continúan inspirando a activistas y pensadores feministas de toda América Latina y más allá.
Esa vigencia se aprecia también en su apuesta por la “despatriarcalización”, expuesta en el ensayo No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013): para Galindo, el desmantelamiento del patriarcado es condición inseparable de la crítica a la colonialidad del poder. Esa propuesta ofrece claves teóricas —autonomía corporal, lectura interseccional de las relaciones de poder y rechazo de las normas convencionales— para construir modelos de resistencia política en América Latina.
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