Construyendo Masculinidades No Tóxicas Desde la Primera Infancia

Un padre joven arrodillado sostiene con una mano la espalda de su hijo de cuatro años, que señala un libro ilustrado abierto en su regazo, en una sala luminosa y serena.

La construcción de la masculinidad es un proceso social complejo que comienza mucho antes de lo que solemos pensar. Tradicionalmente, a los niños se les ha educado en roles de género rígidos, asociados a la fuerza, la independencia, la supresión de emociones y la dominación, lo que ha contribuido a perpetuar patrones de comportamiento tóxicos. Sin embargo, es posible, y necesario, desafiar estos modelos y fomentar masculinidades alternativas, basadas en la igualdad, el respeto, la empatía y la expresión emocional saludable. Este trabajo no recae únicamente en los hombres, sino que requiere un compromiso colectivo que involucra a familias, educadores y a la sociedad en su conjunto.

El pensamiento de María Galindo —psicóloga y activista boliviana, cofundadora del colectivo Mujeres Creando y autora de No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013)— ofrece herramientas valiosas para entender cómo se construyen y reproducen estas dinámicas desde su enfoque crítico sobre las estructuras de poder. Para Galindo, el patriarcado no es un residuo del pasado, sino una estructura de poder vigente que se reproduce en la familia, el lenguaje y el cuerpo; por eso su obra sostiene que ninguna transformación social es completa si no desmonta también las jerarquías que se aprenden desde la cuna. Ella nos invita a cuestionar las normas de género, a deconstruir los estereotipos de género en la infancia y a repensar la crianza desde una perspectiva más igualitaria y liberadora.

La construcción de la masculinidad en la primera infancia es un proceso decisivo para sentar las bases de una masculinidad no tóxica. Ya hacia los dos o tres años los niños comienzan a reconocer su propio género y a captar las expectativas que el entorno deposita en ellos: aprenden por imitación, internalizan mensajes y construyen su identidad en un momento en que aún no tienen criterio para cuestionarlos. Por ello, es fundamental crear entornos donde se promuevan valores como la igualdad, el respeto a la diversidad, la valoración de las emociones y la resolución pacífica de conflictos; en la práctica, eso se traduce en aplicar una crianza no sexista desde los primeros años, antes de que los estereotipos lleguen a consolidarse.

Índice
  1. El Impacto de la Socialización de Género Tradicional
  2. Despatriarcalizando la Crianza: Estrategias Prácticas
  3. El Rol de los Hombres en la Construcción de Masculinidades No Tóxicas
  4. Creando un Futuro Igualitario
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El Impacto de la Socialización de Género Tradicional

La socialización de género en la infancia comienza desde el nacimiento, con nombres, colores, juguetes y expectativas diferenciadas para niños y niñas. El caso de los colores muestra lo arbitrario de ese sistema: la asociación del rosa con las niñas y del azul con los niños se consolidó en el siglo XX de la mano de la industria textil y del juguete, y no responde a ninguna esencia natural. A los niños, con frecuencia, se les anima a ser fuertes, valientes y a reprimir sus emociones, mientras que a las niñas se les valora por su ternura, docilidad y belleza. Estas diferencias, aparentemente sutiles, tienen un impacto profundo en la autoestima, en la forma en que los niños se perciben a sí mismos y en la manera en que construyen sus relaciones con los demás.

La imposición rígida de roles de género en la infancia puede generar en los niños sentimientos de inseguridad, frustración y confusión. La represión emocional en los niños, por ejemplo, puede dificultar la capacidad de expresar sus necesidades y de conectar con los demás de manera auténtica, y sus efectos suelen arrastrarse hasta la edad adulta. La presión por ser fuerte e independiente puede llevar al aislamiento y a la dificultad para pedir ayuda. Y la internalización de la idea de que la dominación es una característica inherente a la masculinidad puede contribuir a comportamientos agresivos y violentos. Por eso, desmontar estos mandatos en la infancia forma parte de la prevención de la violencia machista: resulta difícil erradicar en la edad adulta una violencia que se siembra en la socialización temprana.

Despatriarcalizando la Crianza: Estrategias Prácticas

Un padre se agacha a la altura de su hijo de cuatro años, que parece molesto, y lo escucha con calma mientras lo sostiene suavemente por la espalda en una habitación infantil luminosa y con juguetes.

Despatriarcalizar la crianza implica desafiar activamente estas normas de género y crear espacios donde los niños puedan crecer libres de estereotipos y prejuicios. No basta con la neutralidad pasiva: como los mensajes estereotipados llegan desde la publicidad, los cuentos y el entorno, la igualdad de género en la crianza exige decisiones deliberadas que compensen ese ruido. Algunas estrategias prácticas para lograrlo incluyen:

  • Ofrecer una variedad de juguetes: Romper con la idea de que ciertos juguetes son “para niños” y otros “para niñas”. La propia industria, a través de catálogos, publicidad y estanterías diferenciadas, transmite esa segmentación antes de que los menores la perciban; ofrecer juguetes no sexistas en casa y en la escuela contrarresta ese mensaje. Permitir que los niños jueguen con muñecos, bloques de construcción, coches, disfraces y cualquier otro juguete que les interese, sin importar su género, amplía su repertorio de cuidados, movimiento y creatividad.
  • Fomentar la expresión de las emociones: Crear un ambiente seguro y de confianza donde los niños se sientan cómodos expresando sus emociones, tanto positivas como negativas. La educación emocional en la infancia consiste en validar sus sentimientos, ayudarles a ponerles nombre y enseñarles que la tristeza, el miedo o la vulnerabilidad también forman parte de una masculinidad sana, y que enfadarse no equivale a agredir.
  • Desafiar los estereotipos: Cuestionar los estereotipos de género presentes en los medios de comunicación, la literatura y el lenguaje cotidiano. Elegir cuentos y series donde los varones también lloran, bailan o cuidan, y comentar en voz alta cuando un anuncio o un chiste refuerza un estereotipo ayuda a que los niños aprendan a detectarlos por sí mismos. Mostrar ejemplos de hombres y mujeres que desafían los roles tradicionales en su entorno cercano.
  • Promover la participación equitativa en las tareas domésticas: Involucrar a los niños en las tareas del hogar, sin importar su género. Enseñarles que el cuidado del hogar y la crianza son responsabilidades compartidas: la igualdad en las tareas domésticas comienza en casa y se aprende por observación. Cuando los menores ven que los adultos reparten el trabajo de forma equitativa, interiorizan la corresponsabilidad en la crianza y el cuidado como algo natural.
  • Modelar comportamientos igualitarios: Los adultos, tanto hombres como mujeres, deben ser modelos a seguir para los niños. Mostrar relaciones respetuosas, igualitarias y basadas en la comunicación abierta.
  • Promover el juego libre y creativo: Permitir que los niños exploren su imaginación y creatividad sin las limitaciones impuestas por los roles de género.
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El Rol de los Hombres en la Construcción de Masculinidades No Tóxicas

Los hombres tienen un papel fundamental en la deconstrucción de la masculinidad tradicional y en la construcción de nuevos modelos de masculinidad, no solo como padres y educadores, sino como miembros de la sociedad. Es importante que los hombres cuestionen sus propias creencias y prejuicios sobre lo que significa ser hombre y se comprometan a propagar esos modelos en sus grupos de pares, en el trabajo y en el espacio público, desafiando las normas de género que perpetúan la desigualdad y la violencia.

Esto implica:

  • Reconocer y cuestionar sus privilegios: Admitir que, como hombres, se benefician de un sistema patriarcal y que tienen la responsabilidad de trabajar para cambiarlo.
  • Ser modelos a seguir: Mostrar comportamientos igualitarios, respetuosos y empáticos en sus relaciones personales y profesionales.
  • Apoyar a las mujeres: Defender la igualdad de género y alzar la voz contra la discriminación y la violencia machista.
  • Participar activamente en la crianza: Asumir la responsabilidad compartida del cuidado de los hijos y de las tareas del hogar. Ejercer una paternidad corresponsable implica estar presente de manera real y sostenida —en la higiene, la alimentación, el sueño o las consultas médicas—, no limitarse a “ayudar” cuando se lo piden.
  • Promover la educación afectivo-sexual: Enseñar a los niños y jóvenes sobre el consentimiento, el respeto y la igualdad en las relaciones.

Creando un Futuro Igualitario

La construcción de masculinidades no tóxicas es un proceso continuo que requiere un compromiso constante y una reflexión profunda. No se trata de negar la diferencia entre hombres y mujeres, sino de reconocerla y valorarla sin imponer roles ni limitaciones. Se trata de crear una sociedad donde todos, independientemente de su género, puedan desarrollar su potencial y vivir una vida plena y digna. El trabajo comienza en la primera infancia, pero debe continuar a lo largo de toda la vida, involucrando a todos los miembros de la comunidad. Apostar por una crianza igualitaria desde la primera infancia no solo beneficia a los niños de hoy: sienta las bases de un futuro más justo, igualitario y pacífico para toda la sociedad.

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