María Galindo: ¿Cómo Impacta la Clase en el Acceso a la Justicia para Mujeres?

Una mujer con abrigo gastado espera sentada en un banco de un pasillo judicial, sujeta una carpeta de papeles y mira con aprensión hacia la puerta del fondo.

La obra de María Galindo, pensadora y activista boliviana cofundadora del colectivo Mujeres Creando, se distingue por un análisis crítico de las relaciones de poder que estructuran la sociedad y por su apuesta por la despatriarcalización como condición de toda transformación social. Su enfoque parte de la interseccionalidad de clase y género: la posición económica de una mujer se cruza con el racismo, el colonialismo y otras opresiones para producir experiencias de discriminación que condicionan su acceso a la justicia. Por eso, comprender cómo la situación económica limita la capacidad de ejercer derechos y sostener un reclamo legal ocupa un lugar central en su pensamiento.

Galindo argumenta que la justicia, en la práctica, no es un sistema neutral y universal: está moldeada por las estructuras socioeconómicas existentes y reproduce las desigualdades que ya operan en la sociedad. Esa relación entre el sistema judicial y la desigualdad social se traduce en barreras de acceso a la justicia que las mujeres de distintas clases enfrentan con intensidades diferentes, ya sea ante la violencia doméstica, la discriminación laboral o cualquier otra forma de vulneración de sus derechos.

Esta perspectiva desafía la idea de que la igualdad formal ante la ley basta para garantizar una justicia real y efectiva para todas las mujeres. La relación entre la clase social y el acceso a la justicia se vuelve evidente al reconocer que las condiciones materiales de vida determinan no solo la posibilidad de iniciar y sostener un proceso, sino también la calidad de la defensa disponible, la capacidad de reunir pruebas y de costear traslados, audiencias o asesoría jurídica.

Índice
  1. La Justicia como Reflejo de las Desigualdades de Clase
  2. Barreras Específicas para Mujeres de Clase Trabajadora
  3. La Importancia de un Enfoque Interseccional
  4. Hacia una Justicia Transformadora
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La Justicia como Reflejo de las Desigualdades de Clase

Para María Galindo, el sistema judicial no opera en un vacío social: las desigualdades de clase y género se manifiestan en múltiples etapas del proceso de justicia, desde la posibilidad de contratar un abogado adecuado hasta la capacidad de afrontar los costos y traslados. El nivel socioeconómico de una mujer puede condicionar el resultado de su caso, y quienes tienen menos recursos dependen de la asistencia jurídica gratuita que prestan los servicios públicos de defensoría, a menudo desbordados por la demanda, o terminan renunciando a reclamar.

La falta de recursos económicos también puede limitar la capacidad de una mujer para reunir pruebas, testificar adecuadamente o incluso presentarse ante un tribunal. Las barreras económicas al acceso a la justicia resultan especialmente visibles entre quienes trabajan en condiciones de precariedad laboral, sin contrato formal ni salario fijo: cada jornada dedicada a una audiencia o citación implica una pérdida directa de ingresos, y ese costo, sumado al temor a perder el empleo, a ser estigmatizadas o a no poder mantener a sus familias, disuade a muchas mujeres de denunciar o de sostener un proceso judicial, perpetuando así los ciclos de violencia y discriminación.

Además, las propias instituciones judiciales pueden estar sesgadas a favor de las clases dominantes, reproduciendo sus valores y prejuicios. La violencia de género y la clase social se entrelazan de forma particularmente dura cuando los tribunales descartan testimonios, minimizan la gravedad de los hechos o favorecen al agresor, sobre todo si este cuenta con poder económico o social para contratar defensas costosas o dilatar el proceso.

Barreras Específicas para Mujeres de Clase Trabajadora

Una mujer con ropa modesta y gesto cansado espera en una sala de asistencia legal, sosteniendo una carpeta de documentos contra el pecho, mientras otras mujeres también aguardan sentadas al fondo.

Las mujeres de clase trabajadora enfrentan obstáculos adicionales al acceder a la justicia. Sus trabajos, a menudo precarios e informales, carecen de protecciones laborales y generan inestabilidad económica, lo que dificulta la posibilidad de ausentarse del trabajo para asistir a audiencias judiciales o buscar asesoramiento legal. La falta de acceso a servicios de cuidado infantil es otro impedimento: el cuidado infantil y el acceso a la justicia quedan directamente conectados cuando una madre no puede acudir a una audiencia o a una citación porque no tiene con quién dejar a sus hijas e hijos ni recursos para pagar a alguien que lo haga.

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La discriminación laboral de género agrava aún más su situación: la segregación ocupacional y la brecha salarial relegan a muchas mujeres de clase trabajadora a empleos mal remunerados, inestables y sin oportunidades de ascenso, a los que se suma la carga no remunerada del trabajo de cuidados. Esa falta de autonomía económica aumenta su dependencia de parejas o familiares, reduce su capacidad de salir de situaciones de violencia o abuso y las priva de ingresos con los que financiar un proceso judicial.

Además, estas mujeres pueden ser objeto de estigmatización y prejuicios por parte de las autoridades y de la sociedad en general, lo que dificulta que se les considere víctimas creíbles y que reciban la protección legal que necesitan.

La Importancia de un Enfoque Interseccional

El análisis de María Galindo se inscribe en el feminismo interseccional: enfatiza la importancia de un enfoque que atienda las complejidades del acceso a la justicia para las mujeres, reconociendo que la clase social no es el único factor que moldea su experiencia, sino que se entrelaza con el racismo, la etnia, la orientación sexual y la discapacidad.

Una mujer indígena de clase trabajadora, por ejemplo, puede enfrentar barreras aún mayores al acceder a la justicia que una mujer blanca de clase media. Las mujeres indígenas y su acceso a la justicia se ven condicionados, además, por la discriminación racial, la distancia geográfica respecto de los juzgados y la escasez de intérpretes o de atención en lenguas originarias, factores que limitan su conocimiento de los derechos y su capacidad para recorrer el sistema legal.

Un enfoque interseccional feminista permite identificar las necesidades específicas de cada grupo de mujeres y diseñar políticas y programas que aborden las múltiples formas de discriminación que enfrentan, atendiendo no solo sus necesidades legales, sino también las económicas, sociales y culturales: por ejemplo, servicios de cuidado cerca de los juzgados, intérpretes de lenguas originarias o modalidades de atención remota para quienes viven lejos de las sedes judiciales.

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Hacia una Justicia Transformadora

María Galindo no se limita a señalar las desigualdades en el acceso a la justicia. Su pensamiento apunta a la necesidad de transformar el sistema judicial para que sea más justo y equitativo para todas las mujeres. Enfatiza la importancia de garantizar el acceso universal a la asistencia jurídica gratuita, fortalecer los mecanismos de protección para las víctimas de violencia y promover la capacitación de los operadores del sistema judicial en materia de género y derechos humanos.

Sin embargo, una verdadera justicia transformadora requiere ir más allá de las reformas legales y abordar las causas estructurales de la desigualdad. Esto implica promover la igualdad económica, fortalecer la seguridad social y garantizar el acceso a servicios básicos como la educación, la salud y el cuidado infantil.

En última instancia, la visión de María Galindo plantea la necesidad de repensar el concepto mismo de justicia: pasar de un enfoque punitivo y represivo a un enfoque restaurativo y transformador que priorice la reparación del daño y la prevención de la violencia, en coherencia con su propuesta de despatriarcalizar las instituciones y la vida cotidiana como base para construir una sociedad más justa e igualitaria para todas las mujeres.

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