Trabajo No Remunerado y Clase: La Perspectiva de María Galindo

Mujer de unos cuarenta años lava los platos en una cocina humilde con un niño pequeño en la cadera, mientras una cesta de ropa y una mochila escolar descansan en el suelo.

María Galindo, activista boliviana y cofundadora del colectivo anarcofeminista Mujeres Creando (La Paz, 1992), es una pensadora del feminismo anticapitalista latinoamericano cuyo trabajo confronta las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad. Una de las piedras angulares de su análisis radica en la comprensión de la relación entre trabajo no remunerado y clase social: las tareas domésticas, el cuidado de niños y personas mayores y el trabajo comunitario, históricamente relegados al ámbito privado y asociados a las mujeres, no son para ella una cuestión meramente de género, sino un mecanismo crucial para la reproducción de las relaciones capitalistas y las jerarquías de clase.

Su perspectiva va más allá de visibilizar el trabajo no remunerado; implica analizar cómo se distribuye este trabajo de manera desigual entre mujeres de diferentes clases, exacerbando las vulnerabilidades y limitando las oportunidades. Mientras que las mujeres de clase alta pueden permitirse delegar estas tareas, las mujeres de sectores populares, a menudo racializadas, se ven obligadas a asumirlas en su mayor parte, lo que restringe su acceso a la educación, al empleo formal y, en última instancia, a la autonomía económica de las mujeres.

En esencia, la perspectiva de María Galindo nos invita a repensar la idea de "trabajo" en sí misma, trascendiendo la dicotomía remunerado/no remunerado y comprendiendo cómo ambas formas de trabajo están inextricablemente ligadas a las dinámicas de clase y género, y cómo el capitalismo se beneficia de la invisibilización y desvalorización del trabajo realizado principalmente por mujeres.

Índice
  1. La Desigualdad Estructural del Trabajo de Cuidado
  2. Trabajo No Remunerado y la Reproducción de las Clases
  3. Crítica al Feminismo de la Igualdad Formal
  4. Hacia una Transformación Social

La Desigualdad Estructural del Trabajo de Cuidado

Para María Galindo, el trabajo no remunerado no es una elección individual, sino una imposición estructural. Analiza cómo el capitalismo ha dependido históricamente de la mano de obra barata y cómo la reproducción de esa mano de obra —a través del cuidado de las generaciones futuras y del sostenimiento de la fuerza laboral— ha recaído desproporcionadamente sobre las mujeres. Esta división sexual del trabajo, lejos de ser natural, es una construcción social que se refuerza a través de normas culturales, roles de género y políticas públicas, y se ha sostenido además porque el trabajo no remunerado de las mujeres sigue sin contabilizarse en las cuentas nacionales: el Sistema de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas excluye del producto interior bruto los servicios domésticos de autoconsumo, de modo que ese aporte masivo permanece invisible en las estadísticas oficiales.

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La clase social agrava esta desigualdad. Las mujeres de clases privilegiadas a menudo pueden permitirse externalizar las tareas de cuidado, contratando a otras mujeres, usualmente con menos recursos, para realizar este trabajo. Esto crea una jerarquía dentro del propio trabajo no remunerado: la socióloga Arlie Hochschild acuñó el término cadenas globales de cuidado para nombrar esa delegación en cadena por la que unas mujeres traspasan el cuidado a otras, a menudo de distinta clase y país, un concepto que la economía feminista ha hecho extensivo. Galindo enfatiza que esta dinámica no solo perpetúa la desigualdad de género, sino que también profundiza la desigualdad de clase: el coste de delegar estas tareas, accesible solo a quienes disponen de ingresos suficientes, refuerza las dinámicas de privilegio y mantiene a las cuidadoras en una situación de dependencia.

Trabajo No Remunerado y la Reproducción de las Clases

Mujer latina de mediana edad con delantal y guantes de goma dobla ropa infantil sobre la encimera de mármol de una cocina de lujo, mientras al fondo una mujer más joven y elegante sostiene una taza de café sin reparar en esa labor doméstica.

Una de las ideas centrales en el pensamiento de Galindo es la conexión entre el trabajo no remunerado y la reproducción de las clases sociales. Ella argumenta que este trabajo es esencial para mantener el sistema capitalista funcionando, ya que garantiza la disponibilidad de una fuerza laboral capacitada y saludable. Sin embargo, al no ser reconocido como trabajo, no genera ingresos ni derechos laborales para quienes lo realizan, lo que contribuye a mantener a las mujeres de clase trabajadora en una situación de dependencia económica y vulnerabilidad.

Además, el trabajo no remunerado reproduce las desigualdades intergeneracionales. Las mujeres que dedican la mayor parte de su tiempo al cuidado de sus familias tienen menos oportunidades de invertir en su propia educación y desarrollo profesional, lo que limita su movilidad social y perpetúa la pobreza. Sus hijas, a su vez, pueden verse obligadas a asumir roles similares, reproduciendo el ciclo de desigualdad. La falta de acceso a recursos y oportunidades para las mujeres de sectores populares limita también las opciones de sus descendientes.

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Crítica al Feminismo de la Igualdad Formal

Galindo realiza una profunda crítica al feminismo que se centra únicamente en la igualdad formal, es decir, en garantizar a las mujeres los mismos derechos y oportunidades que a los hombres dentro del sistema existente. Para ella, esta perspectiva es insuficiente, ya que no cuestiona las estructuras de poder subyacentes que generan la desigualdad en primer lugar.

Argumenta que la igualdad formal puede incluso ser contraproducente si no se acompaña de una transformación radical de las relaciones sociales y económicas. Por ejemplo, si una mujer de clase trabajadora logra acceder a un puesto de trabajo bien remunerado, pero sigue siendo la principal responsable del trabajo doméstico y de cuidados, su carga de trabajo simplemente aumenta, sin que se modifiquen significativamente las desigualdades estructurales. Los datos de la OIT respaldan esta lectura: a escala mundial, las mujeres dedican alrededor del triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, incluso cuando ya participan en el empleo remunerado. El acceso a las mismas oportunidades, sin cuestionar la distribución desigual del trabajo, no aborda la raíz del problema.

Hacia una Transformación Social

La propuesta de María Galindo va más allá de la simple reivindicación de derechos individuales. En la línea de su ensayo No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013), aboga por una transformación social profunda que cuestione el vínculo entre capitalismo y patriarcado, dos estructuras de dominación que operan entrelazadas. Esto implica, entre otras cosas, la socialización del trabajo de cuidado, es decir, la transferencia de la responsabilidad de este trabajo del ámbito privado al ámbito público, a través de la creación de servicios de cuidado universales, accesibles y de calidad.

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Asimismo, propone la valoración económica del trabajo no remunerado, ya sea a través de políticas de ingreso básico universal o de otras medidas que reconozcan y remuneren el trabajo de cuidado; según el informe de la OIT Care work and care jobs for the future of decent work (2018), ese trabajo de cuidados no remunerado equivale a cerca del 9 % del PIB mundial. Esta valoración no solo tiene implicaciones económicas, sino también simbólicas, ya que contribuye a dignificar el trabajo realizado principalmente por mujeres y a desmantelar los estereotipos de género. La transformación social, desde la perspectiva de Galindo, pasa por una redefinición del valor y la importancia del trabajo en todas sus formas.

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