María Galindo sobre el uso no sexista del lenguaje: guía práctica

María Galindo hace una pausa mientras escribe a mano en un cuaderno y mira pensativa hacia la ventana, rodeada de libros, una taza de té y una planta en su estudio.

María Galindo, feminista boliviana y cofundadora del colectivo anarcofeminista Mujeres Creando, creado en La Paz en 1992, ha dedicado buena parte de su obra a desentrañar cómo el lenguaje perpetúa las relaciones de poder desiguales entre los géneros. Su mirada no se limita a una cuestión de corrección política: entiende el lenguaje como una herramienta clave en la construcción de la realidad social y, por tanto, como un campo de batalla para la transformación feminista. Galindo sostiene que el lenguaje no es neutral, sino que arrastra un sesgo androcéntrico que invisibiliza, subordina y estereotipa a las mujeres.

Este artículo ofrece una guía práctica de lenguaje no sexista inspirada en el pensamiento de María Galindo. No busca imponer reglas rígidas, sino fomentar una reflexión consciente sobre cómo nuestras palabras contribuyen –o no– a desafiar las estructuras de dominación patriarcal. La propuesta de Galindo no se limita a cambiar términos: busca alterar la forma en que pensamos y percibimos el mundo.

La propuesta de Galindo va más allá de la sustitución puntual de términos masculinos genéricos: entra en la revisión de estructuras gramaticales completas, del uso de los pronombres y de las representaciones sociales que el lenguaje naturaliza, convencida de que ningún cambio de vocabulario basta si no se cuestiona el marco de pensamiento que lo sostiene.

Índice
  1. El lenguaje como herramienta de dominación
  2. Estrategias para un lenguaje no sexista
  3. Más allá de las palabras: la importancia del contexto
  4. El lenguaje como motor de cambio social

El lenguaje como herramienta de dominación

Galindo analiza cómo el predominio del masculino genérico en español produce la invisibilización de las mujeres: al tratarse al hombre como la norma y a la mujer como la excepción, se refuerza la idea de que lo masculino es universal y lo femenino particular y derivado. Esa asimetría lingüística tiene consecuencias perceptibles: en ofertas de empleo, titulares de prensa o listados de ponentes, el masculino ocupa el centro y dificulta visualizar a las mujeres en roles de liderazgo, poder y protagonismo.

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Para Galindo, esta práctica no es casual ni inofensiva: responde a un mecanismo socialmente aprendido, no siempre deliberado, que sostiene el statu quo patriarcal. El lenguaje, como herramienta de socialización, reproduce y legitima las desigualdades de género, y la exclusión lingüística sistemática de las mujeres contribuye a su marginación social y política. Por eso no se trata de una cuestión de cortesía o de estética, sino de una forma de violencia simbólica que opera sobre la representación y la autoestima de las mujeres sin necesidad de recurrir a la agresión física.

Estrategias para un lenguaje no sexista

La intelectual boliviana María Galindo, de unos cuarenta años y cabello oscuro recogido, revisa un ensayo a mano sentada en su escritorio de madera, con estanterías y luz natural al fondo.

A partir de esa crítica a las prácticas lingüísticas tradicionales, Galindo propone estrategias para un lenguaje inclusivo y no sexista aplicables a la escritura cotidiana, institucional o académica. No son reglas dogmáticas ni exhaustivas: funcionan mejor como recursos que invitan a la reflexión y a la experimentación. Las principales se resumen a continuación:

  • Uso de desdoblamientos: Consiste en mencionar explícitamente la forma femenina junto a la masculina, por ejemplo “las estudiantes y los estudiantes” en lugar de “los estudiantes”. Es el recurso más conocido dentro de los desdoblamientos de género: resulta algo repetitivo, pero cobra sentido cuando interesa visibilizar la presencia de las mujeres, como en convocatorias, listados u ofertas de empleo.
  • Uso de términos genéricos: Consiste en elegir sustantivos colectivos o epicenos que no marcan el género y permiten evitar el desdoblamiento. En lugar de “los ciudadanos” cabe decir “la ciudadanía”; en lugar de “los profesores”, “el profesorado”; y “las personas” o “quienes” sirven para nombrar grupos mixtos sin recurrir al masculino.
  • Revisión de metáforas y expresiones idiomáticas: Refranes y dichos muy arraigados, como “eso es cosa de hombres” o el uso de “llorar como una niña” como insulto, perpetúan la idea de que lo femenino es débil o secundario. Revisar esas fórmulas y elegir expresiones que no degraden lo femenino, por ejemplo “eso es tarea de todas las personas” en lugar de “eso es cosa de hombres”, ayuda a desactivar su carga sexista.
  • Uso de pronombres neutros: Aunque es un terreno en debate incluso entre quienes defienden el lenguaje inclusivo, Galindo considera que los pronombres neutros pueden ser una herramienta útil para visibilizar a las personas no binarias y para cuestionar la norma binaria de género que el español reproduce.
  • Priorizar la voz activa: Nombrar expresamente quién realiza la acción —“las juezas y los jueces decidieron” en lugar de “se decidió”— sitúa a las mujeres como sujetos visibles y evita que el masculino genérico ocupe por defecto el lugar del agente.
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Más allá de las palabras: la importancia del contexto

Galindo enfatiza que el uso no sexista del lenguaje no se limita a la aplicación mecánica de reglas gramaticales: la elección entre desdoblar, recurrir a términos genéricos o reformular la frase depende del tipo de texto, del público y del registro (institucional, académico, periodístico o conversacional). El lenguaje es una práctica social atravesada por las relaciones de poder y las dinámicas culturales de cada comunidad.

Por lo tanto, es importante ser conscientes de cómo nuestras palabras pueden ser interpretadas y percibidas por los demás. No se trata solo de evitar términos sexistas, sino de desafiar las estructuras de pensamiento que subyacen al lenguaje. Esto implica cuestionar los estereotipos de género, las jerarquías sociales y las relaciones de dominación.

El lenguaje como motor de cambio social

Para María Galindo, el uso no sexista del lenguaje no es solo una cuestión lingüística, sino un acto político. Al transformar el lenguaje, transformamos nuestra forma de pensar y percibir el mundo. El lenguaje puede ser una herramienta poderosa para desafiar las desigualdades de género y construir una sociedad más justa e igualitaria.

La propuesta de Galindo no persigue la “corrección” normativa del lenguaje, sino su transformación como parte de un proceso más amplio de despatriarcalización que ella vincula con la crítica al colonialismo y al feminismo hegemónico, y que desarrolla en su libro No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013). Su pensamiento invita a revisar con constancia el efecto de nuestras palabras y a sostener una práctica lingüística comprometida con la igualdad: releer los propios textos, proponer alternativas en el trabajo, la escuela o los medios y asumir que el cambio será gradual, colectivo y siempre inacabado.

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