¿Por Qué la Histerectomía Sigue Siendo Tan Común? Una Perspectiva Feminista

La histerectomía, la extirpación quirúrgica del útero, es una de las cirugías mayores más frecuentes en el ámbito de la salud de las mujeres, pese a que la mayoría de las intervenciones responde a afecciones benignas y no oncológicas. Esta prevalencia invita a una reflexión crítica sobre sus causas y consecuencias, porque aunque en contextos clínicos resulta necesaria para salvar vidas o tratar patologías graves, su frecuencia revela tensiones estructurales en los cuidados de la salud hacia los cuerpos feminizados, la sexualidad y la reproducción. Desde una perspectiva feminista, examinar cómo la falta de alternativas terapéuticas integrales y la invisibilización de las implicaciones biopsicosociales convierten la cirugía en una respuesta recurrente, en lugar de un estricto último recurso, es también un paso hacia decisiones más libres y mejor informadas.
La visión de María Galindo, feminista boliviana y cofundadora del colectivo Mujeres Creando, con su enfoque en la autonomía corporal y la crítica a las estructuras de poder patriarcales, nos provee herramientas valiosas para entender por qué una decisión tan radical, con efectos tan profundos en la vida de una mujer, se sigue tomando con relativa facilidad. Profundizar en este tema implica cuestionar las percepciones sobre la “normalidad” del dolor menstrual, la adenomiosis, la endometriosis y otras condiciones ginecológicas, así como revisar cómo se ejerce la toma de decisiones en salud dentro de la consulta y si la oferta de alternativas terapéuticas llega realmente a la paciente.
Este análisis aborda la histerectomía desde una perspectiva feminista: explora sus causas clínicas, analiza cómo el sistema médico y las expectativas de productividad social influyen en la elección de esta intervención y explica la necesidad de transitar hacia la despatologización de la feminidad que propone la teoría feminista contemporánea.
¿Cuándo se Realiza una Histerectomía?
Las causas de la histerectomía abarcan desde patologías oncológicas graves hasta afecciones benignas que, en muchos casos, podrían tratarse sin extirpar el útero. Entre las indicaciones más frecuentes se encuentran:
- Fibromas uterinos: Crecimientos no cancerosos en el útero que pueden causar sangrado abundante, dolor pélvico y presión sobre la vejiga o el intestino.
- Endometriosis: Una condición en la que el tejido que normalmente recubre el útero crece fuera de él, causando dolor crónico y, en algunos casos, infertilidad.
- Prolapso uterino: Cuando el útero se desliza de su posición normal y cae hacia la vagina debido al debilitamiento de los músculos pélvicos.
- Sangrado uterino anormal: Sangrado menstrual excesivo o irregular que no responde a otros tratamientos.
- Cáncer uterino, cervical u ovárico: En estos casos, la histerectomía puede ser parte de un tratamiento más amplio.
Aunque la histerectomía puede aliviar los síntomas descritos, antes de decidir conviene evaluar con calma las alternativas a la histerectomía. La miomectomía extirpa los fibromas conservando el útero; los análogos de la GnRH reducen temporalmente el tamaño de los miomas y suelen emplearse durante períodos cortos; el dispositivo intrauterino liberador de levonorgestrel ayuda a controlar el sangrado abundante; y la embolización de arterias uterinas interrumpe el riego sanguíneo de los fibromas. La idoneidad de cada opción depende de un diagnóstico preciso, que a menudo requiere ecografía o resonancia magnética, así como de la edad y de los proyectos reproductivos, por lo que debe valorarse con información completa y tiempo suficiente para decidir.
La Influencia del Sistema Médico y las Expectativas Sociales

Desde la crítica feminista a la medicina se ha señalado cómo la práctica médica, históricamente construida sobre una epistemología androcéntrica, puede perpetuar la medicalización de la feminidad: la propia palabra “histeria” procede del griego hystera, que significa “útero”, y durante siglos los malestares de las mujeres se atribuyeron a un órgano visto como fuente de perturbación. Esa herencia persiste cuando los síntomas vinculados al ciclo menstrual, como el dolor pélvico o el sangrado abundante, se minimizan o se resuelven con la extirpación del órgano en lugar de abordarse mediante un diagnóstico profundo de la salud integral, y esa lógica se refuerza cuando la paciente recibe información incompleta sobre las opciones conservadoras.
Las expectativas sociales también operan como determinantes de salud. En una cultura que prioriza la productividad y el cumplimiento de estándares de eficiencia, las condiciones ginecológicas que interfieren con el desempeño laboral o doméstico pueden acelerar la derivación a cirugías radicales. Este fenómeno se agrava por la escasez de tiempo en la consulta médica y la tendencia a tratar el dolor pélvico crónico como un síntoma a eliminar, ignorando la necesidad de un acompañamiento que contemple las dimensiones emocionales y la autonomía de la paciente. Ante una recomendación de cirugía, pedir una segunda opinión médica, registrar los síntomas con fechas e intensidad, preguntar si el plan quirúrgico incluye la extirpación de los ovarios y qué consecuencias tendría esa decisión, y solicitar información detallada sobre las opciones conservadoras son pasos que protegen esa autonomía.
Despatologizando la Feminidad: Una Alternativa al Enfoque Médico Dominante
El concepto de "despatologización de la feminidad", promovido por pensadoras como María Galindo, es fundamental para comprender la importancia de cuestionar la medicalización de las experiencias femeninas. Sugiere que muchas condiciones que se consideran "patológicas" en las mujeres son en realidad variaciones naturales de la experiencia biológica y social, y que la respuesta a estas variaciones no siempre debe ser la intervención médica. Esa mirada no niega la existencia de enfermedades reales que requieren tratamiento, sino que invita a revisar qué se clasifica como enfermedad y con qué criterios, para que ninguna mujer con dolor real quede sin atención ni ninguna decisión quirúrgica se tome sin agotar antes las opciones conservadoras.
La histerectomía, en muchos casos, se justifica por sintomatologías que podrían gestionarse mediante terapias alternativas, intervenciones menos invasivas o una comprensión de las fluctuaciones fisiológicas del cuerpo. Despatologizar la feminidad implica:
- Reconocer la diversidad de experiencias: Cada mujer es única y experimenta su cuerpo de manera diferente. No existe una "normalidad" única en términos de ciclos menstruales, dolor o flujo sanguíneo.
- Cuestionar la definición de "enfermedad": Deberíamos preguntarnos si ciertas condiciones son realmente enfermedades que requieren tratamiento, o simplemente variaciones de la experiencia femenina.
- Empoderar a las mujeres: Las mujeres deben ser actores activos en la toma de decisiones sobre su propia salud, con acceso a información completa y opciones de tratamiento alternativas.
- Promover una cultura de apoyo: Fomentar un entorno en el que las mujeres se sientan cómodas hablando abiertamente sobre sus experiencias y buscando ayuda sin sentir vergüenza o estigma.
Un Llamado a la Reflexión y la Autonomía
La histerectomía puede ser una respuesta clínica necesaria, pero es una cirugía mayor e irreversible que exige información completa sobre sus riesgos, alternativas e impacto en la integridad biopsicosocial a largo plazo. Garantizar la autonomía corporal implica que el consentimiento informado no sea un trámite, sino el resultado de un diálogo en el que la mujer pueda preguntar, dudar y aplazar una decisión que nadie debería apresurar. Como señala el pensamiento feminista, la salud no debe entenderse solo como la ausencia de patología, sino como la plena vigencia de la libertad, la dignidad y el respeto a la diversidad de los cuerpos y sus vivencias.
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